TEJIENDO CONEXIONES DE AMOR Y CONSCIENCIA

Mis recuerdos más lejanos de la infancia giran alrededor de una mesa de madera grande, muy grande, casi gigante para mí en ese entonces. Sábado en la mañana despertarme y desde mi cama percibir ese inconfundible aroma a leña ardiendo, pero ya nada quemaba, sólo era el olor, mi papá acababa de barrer el horno, estaba listo para empezar a hornear el pan, mi mamá, mis hermanas, uno de mis hermanos y yo alrededor de esa mesa haciendo panes de diferentes formas…. Todos ayudando y riendo juntos. Y un poco más tarde el olor de pan recién salido del horno, mezclado con el aroma de café recién pasado. Nunca he sido fan del café, pero el aroma de un café recién pasado, siempre me transporta a esta memoria. Yo considero que este fue el primer ejemplo de trabajo en comunidad para mí. Y ahora de cierta manera, nosotros tratamos de guardar esta tradición con nuestros hijos e hijas.

Luego vienen las memorias de primaria y secundaria en donde cada vez que la escuela o colegio requerían de algún trabajo, sea este limpiar el canal de riego, poner la primera loza de un bloque de aulas, pintar las paredes, pintar los pupitres o pintar las canchas; todo era a base de mingas; en las que grandes y pequeños ayudaban por igual.  Esto de la minga siempre me pareció tan lindo. Todos trabajando por un bien común, sin duda una de las mejores herencias de nuestros abuelos. Muchas de las casas incluso en ese entonces se construían a base de mingas. Y no todo era trabajo, parte de este “ritual” era sentarse a comer juntos y muchas veces terminar bailando juntos también. Qué sentido más profundo de comunidad.

Luego en mi paso por Kundalini Yoga, llegó esta experiencia, tal vez un poco diferente, pero con el mismo sentido de unidad, personas compartiendo la misma filosofía de vida, en esta minga por transformarnos de una manera profunda en nuestro ser. Cuando supieron que iba a ser mamá, organizaron la celebración de mis 120 días de embarazo, una tradición muy linda, para honrar a la madre y al alma que se posa dentro de su vientre, las mujeres de esta comunidad, amorosamente compartieron sus experiencias y sabiduría, no estuve sola en mi parto, ni en los 40 días después de eso,  ellas pendientes siempre, trayéndome comida o viniendo a visitarme a casa y dejando comida preparada en la refrigeradora, para que yo pueda crear el vínculo con mis guaguas de una manera más calmada. Tan vital fue su serena presencia en mi vida en ese momento, especialmente por estar lejos de mi familia, en un país en donde no hablaba ni el idioma cuando llegué, pero esta comunidad me acogió con los brazos y el corazón abierto desde el primer día, especialmente aquellas que se convirtieron en mis madres unas y en mis hermanas otras. Soy muy agradecida por su calmada y sabia presencia en mi vida.

Y ahora cuando la realidad ha cambiado tanto y me pregunto ¿Cómo podemos construir comunidad, incluso desde donde estamos? ¿Cómo podemos encontrarnos y revivir el sentido de la minga otra vez? Y ahí fue cuando se me ocurrió crear este espacio. 

Este espacio tendrá invitadxs que están trabajando en sus propios proyectos, pero todos estos proyectos están encaminados a construir un mundo más sano y consciente. Les invito a que estén pendiente, las escuchen, conozcan de sus historias y sobre todo ayuden a hacer visible su trabajo.

Porque tejer conexiones de amor y conciencia, si es posible.

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