LA MAGIA DE LAS PLANTAS MEDICINALES

Desde temprana edad, las plantas medicinales han sido parte de mi vida, recuerdo que cuando era pequeña y tenía dolor de estómago mi mamá me preparaba una agüita de manzanilla; a los bebés les daban agua de anís para el cólico; un agua de orégano para la indigestión, en cambio para la tos el agua de flores de izo; el toronjil para los nervios, el agua de lechuga para dormir, el agua de romero para tener un cabello hermoso, el matico para limpiar las heridas (sólo las de la piel, no las del corazón💔🤣) y me acuerdo escuchar de lo que llamaban el agua de riñones, una mezcla de taraxaco (diente de león), pelos de choclo, linaza, llantén, hojas de cerote y una rama de grama; y, así podría seguir nombrando  muchas otras plantas y usos más, si la memoria no me fallara.

Es increíble la magia de todas estas plantas y cómo esa sabiduría fue transferida de generación a generación a través de nuestra voz, de abuelas a madres, de madres a hijas y de pronto como que paró, lo digo por experiencia propia, porque siento que yo me desconecté a un punto con toda esta sabiduría, porque el trabajo, la universidad, etc., me desconectaron de lo fundamental en algunos sentidos, y a muchas de nosotras creo nos pasó los mismo, por eso es que llegamos al punto de tomar midol para el cólico menstrual, y alguna píldora que nos quite cualquier otro malestar o que nos ayude a dormir, nos convertimos en una sociedad de píldoras, de soluciones rápidas, que queremos que todo lo que no nos gusta, cambié con un click, perdimos el ritmo de la vida, me refiero a ese ritmo acompasado con la naturaleza.

El efecto de las plantas medicinales,  no sucede de manera automática. Todo lo bueno y profundo en la vida toma tiempo: el brotar, crecer y florecer de las plantas, la vida que crece por nueve meses en el vientre de una mujer, el sol sale lentamente en el amanecer y se oculta lentamente a la hora del ocaso, la luna y sus movimientos acompasados a través de las noches, y nosotros, teniendo esta experiencia humana en este fragmento corto de espacio y de tiempo imaginario, pretendiendo acelerar los procesos, pretendiendo ser los amos de un universo que es más infinito de lo que nuestra mente puede imaginar, en vez de reconectarnos con ese acompasar de la vida que palpita en los ríos, en las nubes en los animales y en la magia de las plantas que nos regalan su medicina.

Con el tiempo he aprendido a pausar, estoy re-aprendiendo el arte de la observación profunda, estoy aprendiendo otra vez el valor medicinal de las plantas, al mismo tiempo que estoy aprendiendo a escuchar mi cuerpo y sus necesidades.

Hay muchas plantas que pueden ser usadas específicamente para nuestro sistema reproductivo, el agua de hoja de higo es bueno para nuestros úteros, el agua de hoja de frambuesa es genial para el aparato reproductivo femenino, especialmente durante el embarazo, en fin, la lista es larga, hay mucha información en cuanto a la herbología femenina, un mundo lleno de magia y bienestar.

Y ustedes…. ¿Qué recuerdo tienen de sus abuelas o sus madres y las “agüitas de viejas” como también se les llamaba antes? Me encantaría escuchar sus historias.

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