BASES DE MI PRÁCTICA ESPIRITUAL

En este tiempo de gran desafío y transformación en el Planeta Tierra, algunos hemos experimentados cambios de forma más intensa que otros.  Nuestra economía ha sido sacudida, hemos perdido a familiares y la incertidumbre es lo único cierto en este tiempo, pero si nos ponemos a analizar la realidad más profundamente, absolutamente todo es incierto todo el tiempo, sólo que la pandemia lo ha magnificado.

Lo que pensábamos era estable, no lo es y nos hemos sentido como que nos quitaron el piso, pero esto ha hecho que, en lo personal, a través de la práctica de Kundalini Yoga y Meditación, pueda observar la realidad y que mi perspectiva cambie acerca de lo que es verdaderamente estable en mi vida.  Y eso que es estable y nunca cambia está dentro de mí.

La tecnología ha sido nuestra aliada en estas circunstancias,  a través de ella hemos podido mantener cierto tipo de conexión, no como antes lo hacíamos en clases presenciales y eventos de todo tipo, más bien hemos tenido que confiar y conectarnos con nuestra energía más sutil, y por eso es que seguimos con nuestra práctica, bueno, aquellos que aún siguen, porque nos dimos cuenta de la importancia de ella, para mantener nuestros cuerpos físicos fuertes y que nuestra mente esté en un estado de equilibrio tal, que podamos continuar viviendo en gozo, amor, compasión y bondad. 

Esta práctica no requiere de supervisión, es más bien un acompañarnos en este ciclo de dar y recibir, cada uno nos damos cuenta de dónde estamos en relación con nuestra práctica.

En mi opinión, debemos asegurarnos de que, lo que sostiene nuestra vida sea real y que pase lo que pase, vamos a ser capaces de conectarnos con ese gozo sostenido, amor sostenido; sin negar el dolor y la tristeza. El verdadero arte del amor llena todos los espacio que quedan entre esa dualidad, y esa dualidad no es real, desaparece cuando conectamos con ese espacio dentro de nosotros que los yoguis y yoguinis le llamamos Shunia.

Shunia podría ser descrito como el proceso de profunda observación, acompañado de un escuchar profundo, eso nos permite ser el vehículo para aquello que es lleno de substancia que es la energía pura, inteligencia pura y amor puro.  Nosotros estamos hechos de esos tres.

Y cualquier cosa que podamos experimentar en nuestra práctica de yoga y meditación, es sólo una pequeña muestra de ese néctar divino, Amrita.

Tenemos un determinado número de tiempo en este plano físico, escojamos vivir sabiamente y en nuestro más alto propósito. Vivamos en gozo, amor, compasión y bondad.

Cuando estamos entrando al patrón de juzgamiento, reconozcámoslo y cambiemos hacia la energía de compasión y amor, haciendo la pregunta ¿Cómo puedo ayudar? Y así vamos cambiando por lo menos uno de nuestros tantos patrones que no separan de esa realidad divina que somos, de esa realidad divina que nos habita.

Nuestros sentimientos, emociones y deseos son nuestra mente, nosotros no somos nuestra mente, eso no es nuestro Sat Nam, nuestro verdadero yo. 

Pongámonos a pensar qué pasaría si toda esa energía que le otorgamos a nuestra mente, la concentramos en cultivar la conexión con esa energía sutil que nos habita.

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